
Tener una discapacidad, y hablamos en primera persona, puede hacer que te sientas diferente al resto de tus compañeros de clase, puede que en desventaja, pues las dificultades suelen ser mayores.
Los estudiantes universitarios adultos con discapacidad asumen un doble reto, además del esfuerzo académico, puedes verte involucrado en una carrera de obstáculos, no sólo físicos, pues a veces la discapacidad no está a la vista.
He aquí algunas de las carencias actuales:
En la actualidad, algunas instituciones aún no han habilitado plataformas de aprendizaje virtual compatibles con lectores de pantalla u otras tecnologías de asistencia.
Algunos de los docentes, aunque tengan buena voluntad, carecen de formación específica pedagógica sobre cómo adaptar la metodología de enseñanza y evaluación para alumnos con diversas necesidades.
El aislamiento, es otra de las dificultades con las que puede que tengas que lidiar en el campus universitario, debido a que somos una minoría.
Las claves para una verdadera inclusión universitaria:
Flexibilidad curricular y metodológica: ofreciendo alternativas en los formatos de exámen, tiempos ampliados y materiales de fácil lectura.
Oficinas de atención a la discapacidad: dotar a las instituciones universitarias de recursos tanto humanos como económicos suficientes para acompañar de forma personalizada al estudiante discapacitado desde su ingreso hasta su inserción laboral.
Sensibilizar a la comunidad con campañas de concienciación dirigidas al alumnado y al profesorado para erradicar prejuicios. No sólo se forman profesionales, se forman ciudadanos.
Cuando un alumno con discapacidad logra logra titularse, demuestra no sólo su capacidad académica sino también una resiliencia extraordinaria.
Hay que seguir luchando para conseguir que la discapacidad deje de ser una seña de identidad que te hace diferente al resto de los alumnos y conseguir la integración social normalizada.
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